LA DERROTA.
Buenos días queridos lectores, su redactor llega calentito esta semana, así que desde este mismo momento se les anuncia un cambio de narrativa en el presente. Abandonamos (quizá solo por hoy) el ensayo, nos alejamos de lo novelesco, y nos centramos en la crónica, pues hay cosas que han de ser dichas con las palabras que se merecen, no vayamos a asumir el riesgo de que pasen desapercibidas.
Sin más pormenores les traslado la noticia que este fin de semana efervescía mi conciencia. Nuestro Presidente del Gobierno ha pactado con el partido EH Bildu la no renovación de la banda terrorista ETA en la Lista de Organizaciones Terroristas de la Unión Europea.
El mismo presidente que desenterró y profanó a un dictador hace 50 años yacido so pretexto de convivencia y concordia democrática, le acaba de entregar a un grupo terrorista, o si lo quieren a sus secuaces institucionales, otro triunfo, como si fuera poco lo ya conquistado…
Y como de crónica se trata me voy a permitir trasladarles datos, pues parece considerar este gobierno que quien ha ejercido (durante más décadas que el franquismo) el terror en nuestro Estado, quien carga en su conciencia (si es que en algún momento la tuvieron) con cerca de un millar de muertos, más de 2.500 heridos, incontables exiliados de sus casas, innumerables familias destruidas, no merecen ya ser llamados banda terrorista.
Estos terroristas, porque yo si les pienso llamar por su nombre, los que decían tener reivindicaciones políticas, y simplemente se concebían como partícipes de una guerra contra las fuerzas del orden que los reprimían, sin embargo, en su “revolución” se llevaron incontables civiles en un supermercado de Barcelona; a los niños, si niños, que tuvieron la suerte de sobrevivir, los dejaron huérfanos en una casa cuartel de Zaragoza; a la familia Blanco le arrebataron a su hijo de 29 años, no por discrepar políticamente de su revolución, sino por el solo placer de causar dolor y ejercer venganza; y otros tantos y tantos que les podría narrar, porque mínimamente por honor merecen todos ser recordados frente a los miserables cobardes que les arrebataron la vida.
Pues sobre esta gente, ha decidido nuestro estimado Presidente, que merecen ser borrados de la lista de bandas terroristas, supongo que nuevamente so pretexto de concordia y convivencia política. Y perdónenme porque su humilde narrador no tiene ningún poder, y no le queda otra, como a la mayoría de Uds. que soportar los desmanes de un ególatra narcisista que ya no tiene ni la vergüenza de guardar luto a las víctimas a cambio de un día más en su poltrona.
Pero por lo menos lleve aquí mi réplica, con toda la claridad que se la pueda expresar, pues sepa Ud., Sr. Presidente, que la historia le recordará, como un perro sin honor, un sinvergüenza que traicionó, profanó y escupió a la cara de las víctimas.
Y habrá quien en este punto me diga, que no me ampara la razón, pues hace años que ETA dejó la actividad armada, que se rindieron, que entregaron las armas, y que por ende forman parte del pasado y que no tiene sentido seguir catalogando de Banda Terrorista a quienes se encuentran inactivos.
A todos estos, les respondo con franqueza, les resalto mi postura, y les digo sin temor que eviten caer en el error, pues ETA no se rindió, ETA ganó, y a día de hoy, las instituciones le rinden honores.
Permítanme ser sintético, pues no quiero que el presente genere demasiado hastío. Pero mientras millones de familias agonizaban por la crisis económica, mientras el gobierno del predecesor de la abominación que tenemos por Presidente negaba el futuro y el empleo a millones de españoles, negociaban con ETA su introducción en las instituciones.
Y de aquellos vientos, estos lodos. ETA consiguió sus objetivos, entró en las instituciones, se erige como pilar de la gobernabilidad del Estado, y quizá ya no coaccione violentamente o extorsione a sus conciudadanos, pero continúa chantajeando vilmente a un gobierno de chichinabo para que blanqueen la imagen de unos asesinos absolutamente cobardes.
El “instrumento democrático” de ETA, EH Bildu, decide sobre nuestras vidas, sustenta al gobierno en el poder, lo chantajea y lo malea a conciencia, y nosotros, nuestros representantes, y nuestras instituciones permitimos que participe en el juego democrático sin tan si quiera haber condenado los crímenes de su brazo armado.
¿De veras alguien pretende hacernos creer que reside un ejercicio superación y facilita la vida a las víctimas del franquismo el cambio del nombre de una calle o la exhumación de un dictador?, mientras que, por el contrario, se pide a miles de familias que traguen saliva cuando ven a quienes ordenaban las muertes de sus seres queridos sentados en un escaño en las Cámaras de su país.
Expuesto lo antedicho, narrado el suceso, no les voy a pedir hoy que piensen o que divaguen, pues al menos, sobre a quienes a Uds. se dirige, la idea está muy clara.
Les voy a pedir entonces que no olviden, que no olviden aquellos que injustamente la vida les fue arrebatada, a las familias que dejaron sin hijos, padres, o amigos; que no olviden a quienes se la arrebataron, y a sus cobardes compinches que ahora quieren esconderse tras la cortina de la constitucionalidad.
No olviden a los asesinos, no
olviden a quienes les respaldan, les esconden, les protegen y festejan aún hoy
sus sobremesas codo con codo junto a ellos. Y tampoco olviden, porque este
parece todo su empeño, a un Presidente que indudablemente les deja un legado,
que les arroja sal en sus heridas, que pretende blanquear a los viles y a los
criminales. Pues si aceptamos el olvido de la historia, ya saben Ud. que
estaremos condenados a repetirla.
Ni olvido ni perdón, siempre con
las víctimas.
Abrazos.
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