LAS CIRCUNSTANCIAS.


Hola de nuevo queridos lectores, espero que la espera no se les haya alargado en demasía, y que puedan entender que, quienes a ustedes se dirige necesitaba unas vacaciones, a fin de que nos reencontrásemos hoy con ideas frescas e interesantes que tratar.

Dicho lo cual, hoy quiero hablarles de sus ideas, bueno y de las mías, o de las que cada uno tenga, de sus pensamientos y opiniones y de si las mismas deben necesariamente venir vinculadas a sus circunstancias personales.

Como ya saben que me gustan las anécdotas, y creo que facilitan la comprensión del relato, procedamos con el origen del presente:

Debatía hace poco con una querida persona sobre mis ideas económicas, las cuales no sorprenderá a nadie, si a estas alturas, las confieso liberales. En este debate mi querida persona me contraargumentaba: me indicaba que estas ideas tan liberales chocaban frontalmente con algunas de las circunstancias que me acontecían, ya fuera a mi o a mis seres queridos, pues en mayor o menor medida había quienes disponían de prestaciones del tan afamado “Estado del Bienestar” (no quiera Dios que lo encuentre un día, y se encienda en mí la chispa terrorista).

Trataré de ser un poco más simplista; imaginen a un futbolista, con una nómina millonaria, ¿Sería posible que tuviera unas ideas intervencionistas y compartiese posturas pro fiscalidad elevada?; o por el contrario, una persona que sea beneficiaria de la tan afamada Renta Básica Universal ¿Podría compartir postulados capitalistas y abogar por el fin de las ayudas públicas?

Este es el postulado que quiero hoy proponerles, y por favor no me sean simplistas, no vayan a la conclusión de que evidentemente en los ejemplos antepuestos se condicionan las ideas de cada uno, porque simplemente se traían a colación a fin de que se pueda comprender la paradoja.

Evidentemente las circunstancias personales condicionan los pensamientos de cada uno, tal afirmación es innegable. Pero sobre lo que quiero hoy divagar es si tal condicionamiento es correcto. Es decir, si acertamos o nos equivocamos al dejarnos llevar por nuestras circunstancias y permitimos que las mismas limiten nuestros pensamientos.

¿Es esto acertado? ¿No deberíamos quizá ser capaces de transgredir el presente y permitirnos pensar como nos dé la gana?

Fíjense, no sé si será el año nuevo, o que se atisba un cambio de tendencia, pero en contra de lo que en este espacio se suele proponer, hoy sí quiero darles mi opinión.

Creo que permitir que nuestras circunstancias condicionen nuestros pensamientos es un planteamiento absolutamente simplista, que acota dichas ideas a un inmediato presente y per se, impide el desarrollo individual y colectivo, a mayores incluso les reseñaría que es óbice para la intelectualidad.

No quiero que se centren solo en postulados económicos, sino en ideas de cualquier tipo, véase: ¿tienen Uds. la obligación de ser taurinos por tener un padre ganadero y que dicho negocio les haya subvencionado los estudios? ¿deben ser anticlericales porque un amigo suyo haya sufrido abusos? ¿quizá radicalmente capitalistas por pertenecer a la familia Ortega?

Insisto, soy consciente, nadie voluntariamente tira piedras contra su tejado o se pega tiros en los pies (sobrino del monarca aparte). Pero si Uds. permiten que sus circunstancias limiten sus pensamientos se estarán resignando a su involución, aceptarán que han nacido condicionados, y que nada fuera de su entorno por atractivo que les parezca puede hacerles cambiar de parecer.

A esto es a lo que me refería con las limitaciones al desarrollo individual y colectivo, al error de que sus circunstancias acoten sus ideas, les impidan desarrollar un pensamiento propio. Que les diferencia a Ud. de cualquier raza de animal criado bajo la ganadería intensiva si se resignan a no ver más allá del corral en el que han nacido.

Asumo lo inverosímil de la presente divagación, pues quizá se quede simplemente en lo utópico, en un análisis idealizado de lo bello que sería disertar sin trabas, libremente, en igualdad, como si todos residiésemos en un estado de naturaleza, partiendo de cero, en la búsqueda de los ideales y de la sociedad perfecta.

Pese a lo antedicho les llamo al pensamiento, a plantearse si realmente no hay alguna idea que les atraiga y que no se atreven a explorar por ser contraria a unas convicciones preestablecidas a su madurez intelectual.

Como verán, hemos empezado el año intensos. Por lo expuesto, les reitero un consejo anteriormente dado, tomen los pensamientos con mesura, no querría yo ser el culpable de sus resacas.

 

Abrazos.

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