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Vayan por delante mis disculpas ante la ausencia de publicación alguna la pasada semana, pero a veces llena más la calidad que la cantidad, y no se hacen buenos trabajos cuando se pretende estar en misa y repicando. Otro día si quieren hablamos sobre las prioridades, la gestión del tiempo y la necesaria compatibilización entre deber y placer.

Pero hoy quiero hablarles de la Inteligencia Artificial, de los libros, de internet, de la información en general y del acceso a la misma.

Creo que pertenezco a la última generación que cuando en el colegio le mandaban algún trabajo de investigación acudía a la biblioteca, miraba en las enciclopedias de casa, y quizá también en internet, aunque en menor medida.

No se equivoquen, que el presente no es una crítica a la tecnología y a las nuevas fuentes de acceso a la información, sino un análisis del uso que hacemos de las herramientas.

¿Recuerdan la película de Wall-E? Un film de Disney en el que la humanidad había hecho un abuso excesivo de la tecnología, y de las facilidades que está le aporta, lo cual les había convertido en una especie, obesa, inútil y absolutamente inservible. Hacen ejercicio a través de videojuegos, conducen en piloto automático, y se resignan a una vida absolutamente sedentaria. Creo recordar que la película estaba ambientada en el año 2800, y analizándola unos años después de su estreno, quizá hallamos acelerado para llegar a la autodestrucción antes de lo previsto.

Soy consciente de que la temática no es novedosa, pero esto no trata de ser un remake de Odisea en el Espacio, o de Matrix, no creo que estemos ante una colonización de las máquinas, sino más bien asistiendo en directo a nuestra propia autoaniquilación.

Aquí llevan el clásico ejemplo para facilitar la comprensión: Conforme se están escribiendo estas líneas he realizado una búsqueda, he googleado, “¿Qué ha pasado con el Fiscal General del Estado?”, les comparto los resultados obtenidos:

-            Una nota de prensa del CGPJ en la que se publica la noticia de la condena.

-            Un artículo de El País (probablemente uno de los dos periódicos con mas lectores a nivel nacional), que titula: “El Fiscal General presenta su renuncia”.

-            Por su parte Agenda Pública titula: “El incomprensible desorden de la condena al Fiscal”.

Si uno se limita a leer estos tres titulares, ¿qué conclusión saca? Porque yo no tengo claro si le han condenado, si ha renunciado, si se ha producido un abuso de derecho, si se ha condenado a un inocente, o si por el contrario las garras del gobierno han corrompido todas las instituciones.

El problema reside en esto, ante un infinito abanico de posibilidades, rodeados de información de todo tipo, desistimos de su aprovechamiento. Nos limitamos a acudir al medio afín, y probablemente ni siquiera leamos la noticia en cuestión, nos quedamos en el titular, cegados por el clickbait. Y esto en sí mismo, ya resulta llamativo, por la imbecilidad propia del que con lo expuesto piensa haber comprendido. Pero más alevoso resulta aún cuando tal imbécil (perdonen la palabra, pero no he encontrado sinónimo que defina mejor la conducta), se dedica a ser un difusor de tal contenido, repitiendo en redes sociales, en sus círculos, incluso en ocasiones en butacas de congresos, lo que con un simple titular cree haber comprendido.

No me digan que no, ¿cuántos de Ud. han escuchado la frase? “Me entero de las noticias por Twitter”, o ¿han compartido en sus muros Stories de difusores, sin saber si lo comentado es información contrastada?

Sacan la información de la que luego presumen de páginas que empiezan por W y acaban por pedía, las cuales son absolutamente editables por los propios lectores, sin saber si tal editor tiene información fiable o es un simple gamberro haciendo una trastada.

Y el colmo de su ignorancia lo acaban de alcanzar con la IA, su vagancia, su falta de interés, su desinformación y falta de ganas, incluso su trabajo, ha quedado absolutamente completado por herramientas tecnológicas que les dicen tener la verdad absoluta.

Chat GPT, Gemini y tantas otras son sus nuevas biblias, les hacen trabajos, desnudan a compañeras de instituto para deleites de adolescentes perturbados, les planean sus vacaciones, les sugieren dónde comer el próximo sábado, etc. De veras que solo me queda ver a alguien que le pida a una Inteligencia Artificial que deje de llover, y creo que sucederá antes de lo previsto.

Pero insisto, el problema, no es el desarrollo de las herramientas, no encontrarán aquí un antagonista del progreso tecnológico. El problema reside en el uso que el usuario les da a las mismas.

¿Dónde queda el ya mentado en este espacio, pensamiento crítico, si todas nuestras ideas han salido de la misma aplicación? ¿Dónde la originalidad de la obra? ¿La idea novedosa? ¿El interés en indagar o contrastar?

De veras les vuelvo a pedir disculpas por la franqueza, pero no quepo en mi asombro cuando analizo a los absolutos necios en que nos convertimos. Aquel personaje viral tenía razón “Vivís en Matrix”, y no es que las máquinas nos hayan conquistado, es que hemos renunciado a la defensa, no de La Tierra, sino de la inteligencia.

Como rebaños, subsumidos, dóciles, nos convertimos en auténticos borregos que no cuestionan, que solo esperan a que el pastor les indique qué dirección coger.

Y créanme, cuando la renuncia a la inteligencia, a la crítica, al pensamiento y al conocimiento se consume, para lo que falta bastante poco, nada les evitará que todo lo demás que Uds. valoren les sea arrebatado, pues nada más sencillo hay qué engañar a un tonto.

Por cierto, si Uds. no han comprendido alguna de las cuestiones que en el presente se plantean, no duden en consultar con Chat GPT.

 

Abrazos.

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