TRUCO O TRATO.
Que útiles me están siendo las fechas del calendario para escribir estas pequeñas reflexiones.
Pues bien, no creo que tenga que contarles que el sábado pasado fue Halloween, ya se habrán dado cuenta Ud. al ver absolutamente todo (escaparates, calles, oficinas, nada se salva…) con calabazas, esqueletos, y otros tantos y tantos motivos de esta terrorífica festividad. Pero a mi lo que me parece absolutamente aterrador es que acojamos y caigamos como estúpidos en campañas de marketing que pretenden traernos e implantar algo que en absoluto es nuestro.
Ya les decía, tan aterrador resulta, que es imposible escapar: salen Ud. a comer, ahí tienen su menú especial de Halloween; van al bar, cerveza especial de calabaza con aroma de esqueleto; en la oficina o en escaparates, telarañas postizas, calaveras, etc.
Evidentemente esto responde a un motivo, probablemente el principal, sea una idea de marketing a fin de fomentar el genérico afán consumista. Y no se equivoquen, pues no deviene de esto mi crítica…
Pudiera incluso aceptarlo, si se diera el caso de que el día 1 de noviembre adoleciera de un vacío, pues no seré yo quien me niegue a una buena celebración. Pero, ¿justo el 1 de noviembre?
Espero que al menos alguno de Ud. recuerde que si el 1 de noviembre es festivo nacional, no es por el día de muertos, por Halloween, por qué sé yo lo que quieran celebrar en Bielorrusia, porque a este paso… El 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos, un día en el que recordamos y honramos con flores a nuestros difuntos, a aquellos que, no acompañándonos ya en este mundo, velan por nosotros desde el otro.
Ya, ya me imagino que Halloween les seguirá pareciendo más divertido… Pero, ¿qué me dicen de unos buenos Calbotes?, de un día en el campo rodeado de familia o amigos, de asar unas castañas y de combatir el frío con una buena lumbre que a la postre soportará pancetas, choricillos, y tantos y tantos manjares para nuestro deleite. Qué me dicen de llegar a casa exhaustos, oliendo a humo y con sus caras y manos ennegrecidas, y que al salir de la ducha les esperen unos buñuelos de viento o unos huesos de santo, de echar una partida de cartas en un salón con chimenea, que por muy buena que sea nunca calentará más que su compañía ¿siguen prefiriendo Halloween?
Sean inteligentes, lo grave, no es Halloween, el 4 de julio, o el año nuevo chino. Lo grave, es que seamos tan necios de regalar nuestra identidad, nuestra idiosincrasia, lo que fuimos, lo que somos, y espero que lo que un día seamos. Y ni si quiera es que lo vendamos barato, es que lo regalamos, lo rendimos ante una buena campaña de marketing.
Y esto nos sucede con todo. Al presente atañen que sustituyan nuestra fe y el recuerdo a nuestros difuntos por un mísero “truco o trato”. Pero es que pasa con todo, sus ciudades o pueblos estarán llenos, y si no, a punto de llenarse de luces de navidad, sin tan si quiera comenzar el adviento; puede que hayan sustituido su potaje de vigilia por un hermoso pavo de Thanksgiving; cambiado las fiestas de su pueblo por una Bresh; el mus por un Texas Hold´em, o el dominó por el Omaha; cualquier día enciendo la tele y en lugar de “el Clásico” me clavan un New England Patriots vs Cincinnati Bengals.
Y ahora Ud. dirán “¡Venga ya!, si seguro que tú eres el primer americanizado”, y lo grave es que no les podría quitar la razón, porque es complejo no sucumbir, porque nos atacan desde todos los flancos, y nos atacan fuerte.
Pero, ¿de veras queremos olvidar todo lo que somos? ¿Vamos a rendirnos tan fácil, a donar todas nuestras costumbres al anonimato de la historia? Y no solo nuestras costumbres, nuestra fe, nuestra cultura, nuestras tradiciones (sé que están deseando que escriba sobre tauromaquia, pero no se impacienten, todo a su tiempo).
Somos lo que somos gracias a lo que fuimos, a lo que nos enseñaron nuestros padres y abuelos, y si perdemos todo esto, ¿qué nos queda? Llámenme tremendista si gustan, pero piénsenlo un momento, si perdemos lo que nos une, ¿qué nos queda?
No vayan solo a nuestras fiestas, piensen por ejemplo en las desgracias que acontecieron en Valencia hace poco más de un año, y cómo llenamos autobuses de voluntarios para ayudar a nuestros paisanos; en los incendios del pasado verano, en los que solo la colaboración vecinal, a falta de un gobierno competente, pudo mitigar el fuego; en los anteriormente citados anuncios de la Lotería de Navidad, los cuales, basados en experiencias, nos enseñan cómo regalamos un décimo al amigo con problemas económicos, para que podamos compartir la ilusión; piensen en Ignacio Echeverría, dando su vida para salvar a otros de la barbarie terrorista. Piensen en todo eso que fuimos, eso que llamaron por todo el mundo “Marca España”.
¿Por qué hacemos todo esto? ¿Por qué somos un ejemplo de solidaridad? ¿Por qué el mundo envidia nuestro comportamiento ante la circunstancia más drástica? Es por los valores que nos enseñaron, por nuestra idea de comunidad, por la educación que todos recibimos en nuestras casas, porque desde pequeños compartimos la merienda en el recreo, porque seguro que a Uds. como a mí, sus padres les dijeron que nada los llevará tan lejos en la vida como “por favor” y un gracias”.
Todos estos valores tienen un poso común, son nuestros, residen en la fuerza de nuestra comunidad, no lo llamen patria si no quieren, pero es nuestra cultura, la de dejar las puertas de las casas abiertas en los pueblos, porque nadie va a robar a un vecino.
¿Entonces? Hemos aceptado cambiar el Día de Todos los Santos por Halloween, desgraciadamente poco nos queda, si es que no está sucediendo ya, para que nos sometamos al Ramadán, y en contra de lo antedicho, cada día hay menos puertas de casas abiertas, porque “los nuevos vecinos” no son igual de fiables…
Si nos dejamos arrebatar nuestras costumbres, si sucumbimos a lo que eufemísticamente se ha llamado “globalización”, si aceptamos la extinción de nuestros lazos, nada nos quedará. No habrá más “por favor” y más “gracias”, no se cederán más asientos a los desvalidos, no colaboraremos desinteresadamente en más tragedias, dejaremos de respetar a nuestros mayores, de honrar y agradecer a nuestros padres, o de echar un cable a quien pasa un momento de apuro.
Así que ya saben, tienen Ud. dos opciones a lo que al presente atañe ¿truco o trato?, nunca supe cuál era la buena de las dos…
Abrazos.
Comentarios
Publicar un comentario